Formas de nutrir las heridas de tus hijos

El ciclo de apego es tan simple como profundo. Cuando se va en la dirección que se supone, si la mayoría de los padres simplemente hacen su trabajo de ser padres y el niño prospera. Una y otra vez, hay un patrón de necesidad, la excitación, la satisfacción y la confianza. Como gotas de agua en una planta de bebé tierno, este ciclo constante con el tiempo hace que una planta fuerte con hermosas flores. Desafortunadamente, los niños adoptados a edades más avanzadas, de crianza o cuidado institucional, no siempre son plantas delicadas en espera de ser regado. En cambio, a menudo son los cactus espinoso, con agujas afiladas suficiente para mantener a los padres de distancia. Pero incluso un cactus necesita un poco de agua, al igual que un niño herido necesita experimentar el ciclo de unión - incluyendo la gratificación - si es que quiere construir la confianza.

Es difícil para la mayoría de la gente a entender por qué estos niños rechazan lo que necesitan todos los niños el amor y el cuidado. La respuesta es simple: Ellos aprendieron temprano en la vida a no confiar en nadie. Se enteraron de que las personas los dejan si ellos los aman. Considere la posibilidad de un niño de cuatro años de edad, cuyo hogar adoptivo es su sexta colocación. Ahora imagine que usted era un adulto que había tenido seis divorcios en cuatro años. Lo ansioso o ansiosa que estaría usted a saltar en el matrimonio número siete? Incluso si el nuevo cónyuge parecía maravilloso, y tenía una hermosa casa, ¿le dude en absoluto? ¿Sería el nuevo cónyuge que tenga que probar su confiabilidad? El rechazo del niño no es personal. Aunque se siente de esa manera, estaría dirigido a cualquier persona que intenta ser el padre.

El desafío es cómo alimentar a alguien que repele las muestras de amor, cómo se cuelan suficiente diversión para que el pequeño cactus comenzará a florecer. Aquí hay 25 maneras de nutrir a un niño que tiene que aprender a aceptar el amor. Elija los que resuenan para usted.

El aumento de Contacto con los ojos

Escribir un mensaje de te amo en crema de afeitar o jabón en un espejo. De pie detrás de su hijo cuando lo lee. Usted puede obtener una mirada en el espejo. Si no es así, todavía se ha dicho, "Te amo."

Jugar peek-a-boo con su hijo. No asuma que un recién adoptado de 10 años de edad, es demasiado viejo para jugar peek-a-boo.

Esconda dulces de chocolate. Para cada uno el niño encuentra, él debe mirar en los ojos durante cinco segundos y conseguir un beso de ti antes de que pueda comer.

Coloque una etiqueta adhesiva en la cara justo entre los ojos. No hacer comentarios al respecto. El niño le mirará y reír - con el tiempo.

Mira el uno al otro y nombrar las formas en que son iguales - que ambos tienen la nariz, pecas, ojos marrones. Explorar las características de cada uno

Toques alentadores

Ponga una loción con olor delicioso en su hijo y que él corresponder. Hablar de cómo huele igual.

Peine, cepillo, o trenzar el pelo de su hijo.

Tener una familia "abrazo de grupo" todas las mañanas antes de ir por su propio camino.

Apriete juntos en el sofá para ver la televisión o una película.

hacerle cosquillas, pero se detienen si le pide que lo haga.

Que se mueve en sincronización con su hijo

Hacer burbujas. Perseguir a su alrededor para hacerlas explotar.

Jueguen juntos. Si su hijo se mece para llegar a dormir, sostenerlo y hacerlo por él. Si es demasiado grande como para mantener en su regazo, comprar un doble basculante o swing en un columpio juntos.

Rodar una pelota hacia atrás y adelante. Con un niño mayor, lanzar una pelota o una bolsita.

Construir algo juntos - una torre de bloques, una casa de aves, un modelo de avión.

A pie hasta el buzón con su hijo y enviar una nota a alguien que echa de menos - un ex padre de crianza, un hermano del nacimiento.

Traducido y adaptado por:

Javier Vargas de Adoptando en P.R. Inc.

https://www.adoptivefamilies.com/adoption-bonding-home/attachment-cycle-older-child



Las pesadillas en nuestros niños y como manejarlas

¿Conoces las diferencias entre las pesadillas y el trastorno del Terror Nocturno?

¿Qué son, cómo se manifiestan y cuáles son las causas de las pesadillas?

Una pesadilla, generalmente es una manifestación exagerada del subconsciente, que la mente necesita canalizar y asimilar.

Suelen aparecer en la fase de sueño más profunda por diversas razones, como ansiedad o nerviosismo por alguna situación que nos esté preocupando en ese momento, o por pasar por alguna situación traumática, que en el caso de los niños, puede ser desde una simpe película, a cualquier acontecimiento que el niño no haya aceptado bien, cómo pueda ser el nacimiento de un hermano, un conflicto con algún amigo o compañero, o incluso después de alguna rabieta el día anterior.

También puede deberse a la existencia de causas físicas que afecten directamente a la calidad del sueño, por ejemplo cuando a un niño le cuesta respirar bien, tiene demasiado calor o se encuentra enfermo o con fiebre.

La pesadilla se caracteriza porque el niño después de haber tenido el sueño, se despierta llorando o asustado, alterado, pero sin embargo es capaz de distinguir que ya se ha despertado, por lo tanto podemos llegar a hacerle entender que se ha tratado de un mal sueño.

Puede que le cueste volver a dormirse, por miedo a volver a soñar con lo mismo, pero con cariño, comprensión y paciencia, conseguiremos que el niños se calme y recupere el sueño.

Al día siguiente lo más probable es que recuerde la pesadilla, momento idóneo para, sin forzar al niño, intentar que hable de ella, para así intentar analizar las posibles causas, racionalizarlas y tratar de evitar así, que se repita la causa.

Todos los niños con más o menos frecuencia, suelen presentar pesadillas, incluso desde que son bebés, y esto no representa un problema especial, a no ser que sean muy recurrentes, es decir, más de 4 o 5 pesadillas a la semana.

Pero hay veces, que lo que creemos es una pesadilla, puede ser en realidad un terror nocturno,

¿Cómo podemos reconocer que se trata de un terror nocturno y cómo podemos actuar?

Un terror nocturno es un trastorno del sueño, algo más complejo que las pesadillas, ya que los episodios no despiertan al niño, y pueden desencadenar manifestaciones físicas por el miedo o el enfado que están viviendo en el sueño. Suelen ocurrir durante las primeras horas de la noche, con frecuencia entre medianoche y 2 de la mañana.

El niño incluso puede parecer despierto, cuando en realidad no lo está, respirar de manera acelerada, golpear objetos, dar patadas, gritar o llorar, llegando a no reconocer ni a sus padres, ni reconocer donde se encuentra, ya que continúa soñando.

Todos nuestros intentos por calmar al niño serán infructuosos e incluso empeorarán la situación, ya que el niño no nos reconocerá y verán nuestra presencia cómo un agente extraño, lo que le puede asustarles aún más y prolongar el episodio.

Una vez pasado el episodio de terror nocturno,  el niño se calmará repentinamente volviéndose a dormir, como si nada hubiera ocurrido y no recordará nada a la mañana siguiente.

Entonces, ¿Como podemos proceder ante esta situación? La forma de proceder ante un terror nocturno es, por lo general, dejar que la situación pase por sí sola, ya que el sueño acabará. No obstante, es muy importante, que durante estos episodios observemos al niño y vigilemos que no se haga daño, ya que en su expresión del miedo o el enfado, puede golpearse contra la cama, dañarse al dar puños o patadas o incluso caerse de la cama. Si ocurriese esto, podemos trasportar al niño a una zona segura, sin tratar de despertarle y dejarle que se calme.

Lo mejor es NO TRATAR DE DESPERTAR AL SU HIJO O HIJA, aunque si la situación se torna incontrolable, podemos despertarlo de una manera sutil para que no se altere más de lo que ya está. Esto lo podemos hacer encendiendo la luz, hablándole con voz suave para que vaya reconociendo nuestra voz poco a poco, contarle donde esta y quiénes somos, intentar que reaccione con estímulos, como ofreciéndole agua, ver alguna cosa que le guste, aunque esto le puede costar bastante trabajo.

La forma más óptima, dependerá de cómo reaccione el niño, y del grado de gravedad del episodio.

Para intentar evitar los terrores nocturnos, los expertos recomiendan seguir unas rutinas de sueño, es decir que el niño, se acueste siempre a la misma hora, que duerma las horas suficientes, y algo muy importante es que no vea la televisión o juegue a videojuegos, justo antes de ir a la cama e intentar hacer alguna actividad relajante antes de dormir.

Sin embargo, es probable que, a pesar de seguir estas pautas, el niño siga sufriendo de terrores nocturnos y que lo único que podamos hacer es armarnos de paciencia y esperar a que crezca ya que, normalmente a partir de los seis o siete años, los terrores nocturnos desaparecen.

No obstante, si vez que la situación es especialmente preocupante, les recomendamos hablar con un experto que les pueda asesorar sobre la mejor manera de proceder y descartar así, que pudiera existir alguna causa física que estuviese provocando los terrores nocturnos

Articulo adaptado de:

http://mamaenapuros.com/pesadilla-o-terror-nocturno/#sthash.Lulur6hl.dpuf

Sanemos sus heridas

Muchas veces como padres nos preguntamos porque nuestros hijos actúan de la manera que lo hacen aun cuando todo lo que hemos hecho es darles amor, comprensión, esperanza y más que todo, una familia. Esta impactante historia les ayudará a entender el corazón de un niño que a sido herido tras haber vivido una vida sumida en el maltrato y el desamor, pero también nos enseña la clave para ayudarlos a ver la luz del día.

Manejando la actitud desafiante de nuestros niños

Cuando tu hijo te mira fijamente a los ojos y te dice: "No, no voy a hacerlo", "Te odio" o "No puedes obligarme", sientes que te está desafiando y no sabes cómo actuar.

Tranquila, no eres la única.

No obstante, puedes llevar mejor este comportamiento incómodo si tratas de que la relación con tu hijo se base en la motivación más que en las consecuencias negativas y en el castigo. Aquí tienes siete estrategias que te ayudarán a no desmoronarte cuando tengas que enfrentarte a un comportamiento desafiante por parte de tus hijos.

1. No te lo tomes de forma personal

Cuando tu hijo se niega a desayunar, no lo hace con la intención de frustrarte. Cuando la niña no quiere subirse al coche, no lo hace para molestarte. Un comportamiento desafiante y fuera de lugar es la señal de que tu hijo se siente desconectado. Los niños que se portan mal no lo hacen para conseguir tu atención. Lo hacen porque necesitanatención y mantener la conexión contigo. Enfadarte es lo peor que puedes hacer en ese momento. 

2. Piensa en el motivo de su reacción

Imagina que un día te levantas y, antes de que puedas desperezarte, alguien te dice lo que tienes que hacer. Te dicen lo que tienes que ponerte, lo que tienes que comer, a la hora a la que deber salir de casa, y así sucesivamente. No digo que haya que dejar que los niños tomen las riendas, pero si intentas ponerte en su lugar, con su casi inexistente autonomía, quizás entiendes su deseo de poder, aunque sea poder para desafiar. 

3. Habla contigo misma

No hay mejor manera para tranquilizarse que hablar con uno mismo. Para asimilar que no es un ataque personal contra ti, tendrás que hablar con tu yo interno y dilucidar qué es lo que está ocurriendo. Esto significa que cuando el niño empieza con su "No quiero vestiiiirme" y tu primera reacción es "¡NO ME IMPORTA! ¡VÍSTETE AHORA MISMO!", podrías guardarte eso para ti en vez de exteriorizarlo, y decirte a ti misma: "Respira hondo. El niño se niega a vestirse y yo lo que quiero es chillar, pero puedo tranquilizarme". Si te dices a ti misma que no quieres comenzar una discusión, te convencerás para reaccionar de forma más efectiva. 

4. Reflexiona en voz alta sobre los sentimientos del niño, muestra que los tienes en cuenta

Deja que el niño exprese sus quejas, tómatelas con calma y háblale con dulzura. (Sí, se supone que esto es posible si antes has tenido una conversación contigo misma). Inténtalo con algo así: "Ya sé que no te quieres bajar del coche. Ya veo cómo te agarras al asiento y quizás estás pensando que no te vas a bajar del coche por nada del mundo". Así, haces un pausa en mitad de la espiral de enfado en la que os habíais metido. Cuando pronuncias en voz alta (y tranquila) qué es lo que sucede, cuál es el problema, tu hijo se siente reconocido. Y como no te estás implicando en ningún tipo de lucha por el poder, no hay ni autoridad ni control contra la que el niño pueda reaccionar. 

5. Párale los pies solo cuando se ponga agresivo

Me refiero a que cuando tu hijo pierde completamente los nervios no hay forma de hacerle entrar en razón. Si se pone tonto por algo, mantén la calma y déjale hasta que se tranquilice. Eso sí, si empieza a dar golpes, sujétale los brazos y dile "eso no te lo consiento". Si contraataca y se pone a gritar "te odio, eres la peor madre del mundo", no tengas en cuenta sus palabras. Al menos ha pasado de expresar de forma muy inapropiada su agobio y su enfado (mediante golpes) a otro modo un poco más civilizado (ponerse a gritar). No lo hagas más difícil. Demuestra que tu corteza prefrontal está completamente desarrollada. Tú puedes.

6. Ten una opinión positiva de tu hijo

Considera que criar a unos individuos respetuosos, amables y productivos forma parte de una maratón, no de un sprint. Este es otro momento perfecto para que tengas una conversación contigo misma: "Mi hijo es pequeño y todavía está aprendiendo. Su cerebro aún no está desarrollado del todo y necesita que le guíe con cuidado". Confía en él para las cosas del día a día. Quizás se empeña en no salir de casa a una hora concreta, pero probablemente no tenga problema en hacerlo diez minutos más tarde. Piensa que al final te hará caso.

7. Utiliza el humor y los juegos de poder

El humor, si se usa de manera sabia, es una herramienta muy valiosa. Te sugiero que emplees un tono gracioso evitando el sarcasmo y la burla. Si tu hijo se resiste a lavarse los dientes, puedes decir: "Mmm, pues si cierras la boca, me imagino que es porque prefieres cepillarte la nariz y los oídos en su lugar". Ríete y ellos se reirán... y después de las risitas, serán obedientes. Los juegos de poder consisten en dejar que el niño se quede con el rol del poderoso. Tumbar a Papá es uno de nuestros juegos favoritos.

Sé que cuando las cosas se van de las manos, resulta difícil (muy difícil) mantener el control y la calma en vez de reaccionar mal, pero recuerda que tus hijos se fijan en tus gestos y los imitan. Estos consejos te ayudarán a no perder los nervios; pronto verás los resultados: mejorará la relación con tus hijos así como su comportamiento. 

By: Sarah MacLaughlin, LSW
http://www.huffingtonpost.es/sarah-maclaughlin-lsw/7-formas-de-manejar-la_b_4615947.html
Posted by: Javier Vargas
Adoptando en PR

10 errores comunes que cometemos los padres de hoy en día

Cuando iba a ser mamá por primera vez, me dieron un montón de consejos. Pero, hasta hace unos pocos años, no hubo nadie que me comentara que querer a un niño significa querer lo mejor para él a largo plazo. Cuando mis cuatro hijas eran pequeñas, el largo plazo no entraba en mis planes. Lo único que importaba era sobrevivir, cubrir las necesidades diarias y evitar que nos llegara el agua al cuello. Sin embargo, ahora que mis hijas están madurando, parece que la niebla va despejándose. Ya no soy una advenediza, sino una adoctrinada más del club. Lo bueno que tiene esta fase es que mis hijas ahora quieren pasar más tiempo conmigo. Tenemos conversaciones reales que revelan una personalidad poderosa. Lo de que duerman toda la noche del tirón también ayuda. Puedo pensar las cosas con coherencia y tomar mejores decisiones sobre su educación. 

Ahora, tengo más en cuenta la idea de a largo plazo. Pienso en el tipo de personas adultas en las que espero que mis hijas se conviertan, y para eso, siempre me pregunto: "¿Qué puedo hacer hoy para fomentarlo?". Ser consciente de su futuro ha cambiado mi paradigma como madre, porque lo que hacía felices a mis hijas cuando tenían 10 o 15 años no es exactamente lo mismo que las hará felices con 25, 30 o 40 años.

Hace tiempo, me topé con algunos artículos y libros interesantes que examinaban lo que los psicólogos observan en la actualidad: cada vez más veinteañeros están deprimidos y no saben por qué. Estos jóvenes adultos afirman que su infancia fue espectacular. Sus padres son sus mejores amigos. Nunca han experimentado una tragedia en sus vidas ni nada que se salga de cualquier decepción habitual. Pero, por alguna razón, son infelices. Una de las razones que se dan es que los padres de hoy en día se precipitan enseguida. No queremos que nuestros hijos se caigan, por lo que, en vez de dejarles que experimenten la adversidad, les allanamos el camino. Apartamos cualquier obstáculo con tal de hacerles la vida más fácil. En cambio, la adversidad forma parte de la vida, y nuestros hijos tendrán que enfrentarse a ella si queremos que desarrollen habilidades que serán necesarias para que continúen su camino. Así que, aunque parece que les estemos haciendo un favor, en realidad les estamos obstaculizando el camino, su crecimiento. Estamos anteponiendo las recompensas a corto plazo sobre el bienestar a largo plazo.

En un artículo se menciona que muchos decanos utilizan el apodo de "tazas de café" (por su fragilidad ante cualquier contratiempo) para referirse a los chicos recién llegados a la universidad. La pregunta es la siguiente: "¿Acaso estamos impidiendo que nuestros hijos sean felices de mayores por el hecho de protegerles de la infelicidad cuando son pequeños?".

Esta es la respuesta del psiquiatra Paul Bohn:

Muchos padres hacen lo que sea con tal de evitar que sus hijos sufran cualquier tipo de incomodidad, ansiedad o decepción; cualquier cosa poco agradable. Y, como consecuencia, cuando se hacen adultos y experimentan las frustraciones normales de la vida, piensan que el mundo se les viene encima, que hay algo que va mal, muy mal. 

Estoy compartiendo esta información con vosotros porque creo que tiene mucha relevancia en esta época de sobreprotección parental. Aunque me parece muy bien que los padres de hoy en día se impliquen más en la vida de sus hijos, esta implicación no debería extralimitarse. Lo que a veces se define como señal de ser buen padrepuede resultar nocivo para nuestros hijos cuando pase un tiempo. Es necesario que seamos conscientes de ello; si no, estaríamos complicando sus vidas aunque nuestro fin sea justo lo contrario. 

Mi filosofía favorita sobre la paternidad dice así: "Prepara a tu hijo para el camino, no el camino para tu hijo".

Dicho esto, he elaborado una lista con los diez errores más comunes que cometen los padres en la actualidad (incluyéndome a mí). No tengo la intención de señalar con el dedo a nadie, sino de que la gente tome conciencia. Lo que se inculca en nuestra cultura no siempre es lo mejor para nuestros hijos. 

Error nº 10: Adorar a nuestros hijos. Muchos de nosotros vivimos en comunidades que se desviven por los hijos. Los estamos criando en hogares completamente centrados en ellos. A nuestros hijos les encanta, claro está, porque nuestras vidas giran en torno a ellos. A la mayoría de nosotros tampoco nos importa, porque su felicidad es la nuestra. Nos entusiasma hacer cualquier cosa por ellos, comprarles cosas, cubrirles de amor y de atenciones.

No obstante, creo que es importante tener en cuenta que nuestros hijos han sido creados para ser amados, no idolatrados. Por tanto, cuando les tratamos como si fueran el centro del universo, creamos un falso ídolo. En vez de un hogar centrado en los niños, deberíamos intentar centrarnos más en el amor. Así, nuestros hijos se sentirán queridos, pero entenderán que en el amor, el altruismo va por encima del egoísmo.

Error nº 9: Creer que nuestros hijos son perfectos. Una cosa que suelo oír de los profesionales que trabajan con niños (orientadores o maestros) es que los padres de hoy en día no quieren oír nada negativo sobre sus hijos. Cuando se menciona la palabra preocupación, o problema, la reacción suele ser atacar al mensajero.

La verdad a veces duele, pero cuando escuchamos con la mente y el corazón abiertos, nos mostramos dispuestos a mejorar. Así, podremos intervenir antes de que la situación se nos vaya de las manos. Es más fácil tratar a un niño problemático que reparar a un adulto destrozado. 

Una psiquiatra del centro médico Children's of Alabama me contó hace poco que en la depresión adolescente, resulta clave intervenir con rapidez, puesto que se puede actuar sobre la trayectoria de la vida de un niño. También me dijo que este es el motivo por el que disfruta de la terapia de niños y adolescentes, pues los niños son resilientes, y es mucho más fácil intervenir de forma efectiva cuando aún son jóvenes, ya que cuando el problema continúa durante muchos años se incorpora como parte de la identidad de la persona. 

Error nº 8: Vivir a través de nuestros hijos. Los padres nos sentimos muy orgullosos de nuestros hijos. Cuando consiguen algo, nos hace más felices que si lo hubiéramos conseguido nosotros mismos. 

Lo cierto es que si nos implicamos demasiado en sus vidas, nos resultará más complicado ver dónde acaban ellos y dónde empezamos nosotros. Cuando nuestros hijos se convierten en una extensión de nosotros, puede que los veamos como nuestra segunda oportunidad. Pero, no se trata de ellos, sino de nosotros. Llega un momento en el que su felicidad empieza a confundirse con la nuestra. 

Error nº 7: Tratar de ser el mejor amigo de nuestro hijo. Cuando le pregunté a un sacerdote cuál era el mayor error que cometen los padres, estuvo pensándolo un momento y luego contestó: "El problema ocurre cuando los padres dejan de ser padres y no son capaces de asumir sus responsabilidades, aunque a veces cueste". 

Como todo el mundo, quiero que mis hijos me quieran. Quiero que reconozcan mis méritos y me tengan cariño. Pero si quiero hacer bien mi trabajo, tengo que aceptar que se enfaden y que a veces no les gusten mis decisiones. Pondrán los ojos en blanco, se quejarán y desearán haber nacido en otra familia. 

Pero, tratar de ser el mejor amigo de tu hijo solo puede llevar a una permisividad excesiva, y a que tomes decisiones desesperadas por temor a no contar con su aprobación. Esto no es amor, sino necesidad. 

Error nº 6: Entrar en una competición por ser el mejor padre. Todos los padres llevan algo de competitividad en las venas. Lo único que necesitan para despertar al monstruo es que otro padre ponga a su hijo por encima del tuyo. 

He oído muchas historias de este tipo que tienen lugar en patios de colegio; historias de amistades rotas y traiciones en las que se entrometieron familias completas y la cosa acabó mal. En mi opinión, el origen se encuentra en el miedo. Tememos que nuestros hijos se queden aparte. Tenemos miedo de que, si no nos ponemos serios e intervenimos para pararle los pies a cualquiera, se sumirán en la mediocridad para el resto de su vida. 

Creo que los niños tienen que esforzarse y entender que los sueños no se cumplen así como así, que para ello tienen que trabajar y luchar. No obstante, si fomentamos una actitud de ganar cueste lo que cueste y les permitimos que empujen a otros niños para conseguir ser los primeros, la cosa se nos está yendo de las manos. 

Es verdad que en la adolescencia el carácter no nos parece tan importante; en cambio, cuando somos adultos, el carácter lo es todo. 

Error nº 5: Olvidarnos de lo maravilloso que es ser niño. El otro día descubrí una pegatina de Tarta de Fresa en el fregadero, lo que me hizo recordar la alegría de vivir con niños.

Llegará un día en que deje de haber pegatinas en el fregadero. Ya no habrá Barbies en la bañera, ni muñecas en mi cama, ni Mary Poppins en el DVD. Las ventanas estarán limpias, sin huellas, y la casa estará tranquila porque mis hijas saldrán con sus amigos en vez de quedarse en el nido.

Criar a niños pequeños puede ser un trabajo duro y monótono. A veces, es tan agotador física y emocionalmente que nos encantaría que se hicieran mayores cuanto antes. Por otra parte, también tenemos curiosidad por saber cómo será su crecimiento. ¿Cuáles serán sus pasiones? Como padres, esperamos poder descubrir sus dones, para saber aprovechar sus puntos fuertes y animarles a que sigan por la buena dirección. 

Pero, cuando proyectamos su futuro, y nos preguntamos si ese gusto por el arte le convertirá en Picasso, o si su voz melodiosa hará de ella una Taylor Swift, podemos llegar a olvidarnos de disfrutar de lo realmente bueno: los cuentos de antes de dormir, los pijamas de una sola pieza, las cosquillas en la tripa y los gritos de alegría. A veces, nos olvidamos de dejar que nuestros hijos se comporten como niños y disfruten de su infancia.

La presión sobre los niños comienza demasiado pronto. Si queremos echar una mano a nuestros hijos, tenemos que protegerles de estas presiones. Hay que dejar que disfruten y crezcan a su propio ritmo, así que, en primer lugar, deben explorar sus intereses sin miedo al fracaso y, en segundo lugar, no tienen que sentirse agobiados. 

La infancia es un momento de juegos y de descubrimientos. Cuando metemos prisa a los niños, les estamos robando una etapa inocente por la que nunca volverán a pasar. 

Error nº 4: Criar al hijo que queremos, y no al que tenemos. Como padres, nos creamos una imagen propia de nuestros hijos. Esta imagen comienza a confeccionarse en el momento del embarazo, antes incluso de saber el sexo del bebé. En secreto, deseamos que el niño se parezca a nosotros, pero un poco más inteligente y con más talento. Queremos ser su ejemplo, y modelar su vida siguiendo el patrón de la nuestra. 

Sin embargo, los niños suelen seguir su propio modelo y, además, desconfiguran los nuestros. Al final, son como nunca los imaginamos. Nuestro trabajo consiste en descubrir sus dones innatos, y en tratar de guiarlos por el buen camino. Ante todo, inculcarles nuestros propios sueños no va a funcionar. Solo si entendemos quiénes y cómo son, podremos tener un impacto en sus vidas. 

Error nº 3: Olvidar que los hechos pesan más que las palabras. A veces, cuando mis hijas me preguntan algo, me dicen: "Por favor, responde en una frase". Me conocen bien, y saben que aprovecho cualquier lección de la vida diaria y la convierto en un momento de aprendizaje. Quiero que tengan sabiduría, pero de lo que a veces me olvido es de que mis ejemplos ensombrecen mis palabras.

Cómo respondo al rechazo y a la adversidad... Cómo trato a mis amigos y a los desconocidos... Si me peleo con su padre o si nos apoyamos mutuamente... Ellas se dan cuenta de todas estas cosas. Y mi actitud les da permiso para comportarse de la misma manera.

Si quiero que mis hijas sean maravillosas, yo también tengo que aspirar a lo mismo. Tengo que ser la persona que espero que sean ellas. 

Error nº 2: Juzgar a otros padres... y a sus hijos. Independientemente de lo mucho que difieras en la forma de educar que tienen otros padres, no es tu misión juzgarlos. Nadie es completamente bueno ni completamente malo; todos somos un poco de todo, todos luchamos contra nuestros propios demonios.

Personalmente, tiendo a ser más benevolente con otros padres cuando yo lo estoy pasando mal. En los momentos en que los niños me lo ponen difícil, entiendo el comportamiento de muchos padres. 

Nunca sabemos por lo que alguien está pasando, ni cuándo nos veremos en una situación parecida. Aunque, en ocasiones, no podamos evitar tener nuestros prejuicios, deberíamos controlarlos y tratar de entender a la otra persona en lugar de llegar a conclusiones precipitadas. 

Error nº 1: Subestimar el CARÁCTER. Si hay una cosa que espero hacer bien con mis hijos es conseguir que tengan un buen CORAZÓN. El carácter, la fibra moral y una brújula interna son los cimientos que forman la base para un futuro feliz y saludable. Esto es más importante que cualquier boletín de notas o que cualquier trofeo que ganen.

Nadie puede exigir un carácter concreto a sus hijos, y más teniendo en cuenta que el carácter no significa mucho a la edad de 10 o de 15 años. Los niños a esa edad se preocupan por las recompensas a corto plazo, pero nosotros, como padres, conocemos mejor la historia. Sabemos que lo importante con 25, 30 o 40 años no es lo largo que lanzaste una vez un balón o si fuiste animadora, sino cómo tratas a los demás y qué piensas de ti mismo. Si queremos fomentar el carácter, la confianza, la fuerza y la resiliencia, tenemos que dejar que los niños se enfrenten a las adversidades y que experimenten el orgullo que se siente al salir reforzado de una situación difícil. 

Es complicado ver a nuestros hijos caer, pero a veces es necesario. En ocasiones, hay que preguntarse si intervenir se encuentra entre las mejores opciones. Hay un millón de formas de amar a nuestros hijos, pero, a la hora de buscar su felicidad, conviene ser conscientes de que a veces la pena a corto plazo será recompensada con creces por los beneficios en el futuro.

By: Kari Kubiszyn Kampakis

www.kariakampis.com

http://www.huffingtonpost.es/kari-kubiszyn-kampakis/10-errores-comunes-que-cometemos_b_4911872.html

Carta de una madre a sus hijas

Todavía no puedo creer que 3 años ya han pasado. Parece como si fuera ayer cuando mi esposo y yo celebramos la llegada de nuestras hijas por primera vez y al instante nos convertimos en una familia. Todo es tan claro en mi corazón que apenas puedo llamarlo un recuerdo; es sólo otro latido (de mi corazón) que ha pasado. Y sin embargo, aquí estamos frente a un nuevo año de vida y con el, el reto que me ha impulsado a escribir este post. Ha llegado el momento de profundizar acerca de la conversación sobre la historia del nacimiento de nuestra hermosa familia. Es hora de hablar claro sobre el regalo de la adopción.

No me malinterpreten, desde que nuestras hijas llegaron a nuestra casa hemos hablado abiertamente sobre la adopción y la forma en que son el regalo más grande que Dios nos ha bendecido. Pero a pesar de que acaba de cumplir 3, en mi corazón sé que están listos para empezar a entender por qué mamá dice que no nacieron en su barriga, pero en su corazón.

Usted ve, yo no quiero que ideas falsas de la sociedad sirvan para decirle a nuestras hijas que son hijas no deseadas, porque no lo eran Y NO LO SON. No quiero que la ignorancia y el prejuicio sirva para enseñar a nuestras hijas que no somos sus "verdaderos padres", o que no tienen un "verdadero hogar". No quiero que la crueldad y la frustración les diga que somos considerados menos que otros padres porque no les dimos a luz o que son menos hijas porque no comparten nuestro ADN. Le prohibo al vergüenza de caminar por los pasillos de mi casa susurrando a nuestros hijos que estaban colocados en adopción porque había algo mal con ellos, o peor, que su concepción y nacimiento fueron un error. Me niego a permitir que la confusión, la burla, y cualquier intento rebelde trate de destruir lo que la oración, la nostalgia, la pasión y la fe con tanta valentía ganó.

Quiero que nuestras hijas sepan que el amor era la conexión que nos unió. Que les habíamos estado buscando y orando por ellas, incluso antes de saber que 10 años más tarde nos podríamos encontrar para sostenerlos y nunca dejarlos ir. Quiero que nuestras hijas sepan que su madre biológica, a pesar de que no sabemos quién es, los amaban tanto que ella tomó la decisión desinteresada de cuidar de ellos, no por "renunciar a ellas", pero proporcionando la oportunidad de prosperar en la vida. Quiero que nuestras hijas sepan que han completado nuestra familia y ellas son profundamente amadas.

Así que es hora de decirles que el vínculo que compartimos es mayor que la biología, porque cuando la biología de mi cuerpo falló, la fe y el amor todavía se aferraron a la promesa celestial. Ellos tienen derecho a saber que las personas que los rodean oraron por ellas y les anhelaron tan apasionadamente como lo hicimos nosotros. Ellos tienen derecho a saber que la adopción no es ni un pecado ni un acto de desesperación. Ellos tienen el derecho de saber que no eran un accidente, no eran una coincidencia, no eran una salida fácil ... eran las hijas de Dios diseñadas y adaptadas para nosotros. Sus identidades siempre descansaran en el recinto que la verdad ... nuestra historia de adopción es una historia de amor divino.

Adaptado y traducido de:

http://misbendiciones.com/author/misbendiciones/

¿Que es la Adopción? 2da Parte

En este segundo articulo queremos presentarle un problema muy común que nos encontramos todos los días. A lo largo de los años hemos conocido personas muy buenas, con un corazón inmenso y con una capacidad para educar y criar verdaderamente envidiables. Pero cuando me han preguntado en cuando a la posibilidad de la adopción y les contesto con la misma pregunta que le hago a todas las personas, ¿Cual es tu motivación?, veo como reaccionan y por razones obvias me contestan; Sabes, hemos perdido dos embarazos, llevamos 15 años de casados y no pasa nada y debido a estas circunstancias la gente nos dice que si vamos a adoptar lo hagamos ahora antes que nos pongamos viejos.

Todos nosotros vivimos dentro de una sociedad. Y Dios nos creó para esto. Dios nos bendijo con diferentes talentos y habilidades para servir en nuestras comunidades. El problema está cuando la sociedad comienza a ejercer presión y trata de imponer sus ideas equivocadas o mal informadas motivándonos a tomar decisiones por las motivaciones incorrectas. 

La adopción no es una forma de complacer a la sociedad y mucho menos una alternativa para no quedarnos solo cuando estemos viejos. Dice la Biblia que nuestros hijos son herencia de Jehová (Salmos 127:3) y por consecuencia no deben ser un amuleto en contra de nuestra soledad o una manera de llenar las expectativas que nos impone la sociedad. 

La decisión de adoptar es entender que esta es la forma que Dios determinó que nos daría Su herencia y que como todo buen padre siempre da lo mejor a sus hijos. La decisión de adoptar viene cuando nos vemos sosteniendo en nuestros brazos a ese ser que Dios nos ha regalado aun cuando todavía no lo tenemos. La decisión de adoptar no viene para complacer los deseos de la sociedad ni para espantar nuestros temores de llegar a viejos solos. La decisión de adoptar viene como manifestación de la expresión del amor de Dios para con nosotros quien nos adoptó como sus hijos dándonos participación en la misma herencia de su Unigénito y Primogénito Jesucristo. Si estas considerando la adopción recuerda, tus hijos son herencia de Jehová y como tal deben ser tratados, sin preocuparnos por el que dirá de la sociedad y con la satisfacción del dar por gracia lo que por gracia has recibido. 

Por: Javier Vargas

Para: Adoptando en P.R.