Perdón y Orgullo II

El matrimonio es duro: Somos Tercos

Disculparse es un trabajo duro. ¿Sabes qué más es difícil? Perdonar a un cónyuge que se disculpa.

¿Por qué? ¿Por qué debería ser difícil? Bueno, por un lado, es fácil sospechar e imaginarnos que la disculpa que nos ofrecen no es sincera ("Lo siento." "¡No lo eres!"). Por otro lado, cuando éste no es el primer argumento que tenemos sobre un mismo comportamiento que no nos agrada, el herido ve una tendencia y teme que continúe indefinidamente. Nos preguntamos, ¿Estoy permitiendo más de este mal comportamiento? Por otro lado, mantenernos enojados nos da "influencia emocional" y quedarnos heridos nos brinda "el fundamento moral" en futuras negociaciones. Nuestras heridas pasan a ser un activo y las podemos utilizar para nuestra ganancia, o al menos, así pensamos en el inconsciente. 

Lo cierto es que, mantener la rabia nos envenena el alma. Empapa nuestro espíritu de toxinas que afectarán todo lo demás en nuestras vidas y especialmente en la más importante de todas nuestras relaciones humanas, el matrimonio. Mantener la ira nos ciega y no nos permite recordar las bondades y los valores de nuestro cónyuge para nuestras vidas y nos impide ver sus esfuerzos para mejorar las cosas.

Hay una mejor manera. En la bíblia se nos enseña lo siguiente, "13 Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros. "(Colosenses 3:13). Lo único que nos puede romper nuestros enigmas de la ira es el dulce recuerdo de la deuda masiva nuestra que nuestro Señor Jesús perdonó. Debemos mostrar a nuestros esposos o esposas un espíritu perdonador y restaurados (aunque no sea fácil), así estaremos imitando a Dios en el amor y perdón que El tuvo  con nosotros.

Así que es tiempo de perdón.