Carta de una madre a sus hijas

Todavía no puedo creer que 3 años ya han pasado. Parece como si fuera ayer cuando mi esposo y yo celebramos la llegada de nuestras hijas por primera vez y al instante nos convertimos en una familia. Todo es tan claro en mi corazón que apenas puedo llamarlo un recuerdo; es sólo otro latido (de mi corazón) que ha pasado. Y sin embargo, aquí estamos frente a un nuevo año de vida y con el, el reto que me ha impulsado a escribir este post. Ha llegado el momento de profundizar acerca de la conversación sobre la historia del nacimiento de nuestra hermosa familia. Es hora de hablar claro sobre el regalo de la adopción.

No me malinterpreten, desde que nuestras hijas llegaron a nuestra casa hemos hablado abiertamente sobre la adopción y la forma en que son el regalo más grande que Dios nos ha bendecido. Pero a pesar de que acaba de cumplir 3, en mi corazón sé que están listos para empezar a entender por qué mamá dice que no nacieron en su barriga, pero en su corazón.

Usted ve, yo no quiero que ideas falsas de la sociedad sirvan para decirle a nuestras hijas que son hijas no deseadas, porque no lo eran Y NO LO SON. No quiero que la ignorancia y el prejuicio sirva para enseñar a nuestras hijas que no somos sus "verdaderos padres", o que no tienen un "verdadero hogar". No quiero que la crueldad y la frustración les diga que somos considerados menos que otros padres porque no les dimos a luz o que son menos hijas porque no comparten nuestro ADN. Le prohibo al vergüenza de caminar por los pasillos de mi casa susurrando a nuestros hijos que estaban colocados en adopción porque había algo mal con ellos, o peor, que su concepción y nacimiento fueron un error. Me niego a permitir que la confusión, la burla, y cualquier intento rebelde trate de destruir lo que la oración, la nostalgia, la pasión y la fe con tanta valentía ganó.

Quiero que nuestras hijas sepan que el amor era la conexión que nos unió. Que les habíamos estado buscando y orando por ellas, incluso antes de saber que 10 años más tarde nos podríamos encontrar para sostenerlos y nunca dejarlos ir. Quiero que nuestras hijas sepan que su madre biológica, a pesar de que no sabemos quién es, los amaban tanto que ella tomó la decisión desinteresada de cuidar de ellos, no por "renunciar a ellas", pero proporcionando la oportunidad de prosperar en la vida. Quiero que nuestras hijas sepan que han completado nuestra familia y ellas son profundamente amadas.

Así que es hora de decirles que el vínculo que compartimos es mayor que la biología, porque cuando la biología de mi cuerpo falló, la fe y el amor todavía se aferraron a la promesa celestial. Ellos tienen derecho a saber que las personas que los rodean oraron por ellas y les anhelaron tan apasionadamente como lo hicimos nosotros. Ellos tienen derecho a saber que la adopción no es ni un pecado ni un acto de desesperación. Ellos tienen el derecho de saber que no eran un accidente, no eran una coincidencia, no eran una salida fácil ... eran las hijas de Dios diseñadas y adaptadas para nosotros. Sus identidades siempre descansaran en el recinto que la verdad ... nuestra historia de adopción es una historia de amor divino.

Adaptado y traducido de:

http://misbendiciones.com/author/misbendiciones/